“Una morenita tocando la tumba, la otra chiquitita, bailando la rumba; pero, oye mi rumba, oye mi rumba; mi rumba de Cahuita, mi rumba chiquitita, oye mi rumba…”. La anterior escena es un extracto de la letra del calipso “Rumba en Cahuita”, del maestro Walter Ferguson, quien el próximo martes 7 de mayo de 2019, alcanza sus 100 años de vida, precisamente en el día en que Costa Rica celebra el primer Día Nacional del Calipso Costarricense.

Para esta ocasión, el Ministerio de Cultura y Juventud invita al acto en celebración del Día Nacional del Calipso Costarricense y del nacimiento del Padre del Calipso, el martes 7 de mayo, a las 12 mediodía, en el Parque Alfredo González Flores, en Cahuita. La actividad contará con presencia de Sylvie Durán, ministra de Cultura y Juventud, así como con Edgar Mora, ministro de Educación Pública.

Posteriormente, se ofrecen muestras de calipso a cargo la Banda de Conciertos de Limón, Kawe Calipso, el Grupo de Calipso de la UNED, el Grupo de Baile Limón UCR, entre otras agrupaciones.

Día Nacional del Calipso Costarricense.A finales de 2018, mediante la Ley N° 9612, la Asamblea Legislativa de Costa Rica declaró, la música del calipso limonense como patrimonio cultural inmaterial costarricense y a la comunidad tribal de Cahuita la cuna del calipso costarricense; asimismo, declaró el 7 de mayo de cada año el Día Nacional del Calipso Costarricense.

Además, se declaró ciudadano distinguido y uno de los padres del calipso costarricense al señor Walter Gavitt Ferguson Byfield.

La música calipso surgió en la isla de Trinidad y llegó a Costa Rica con los inmigrantes jamaiquinos a finales del siglo XIX y se arraigó, con características propias, en los sectores populares de esa población afrodescendiente.

Walter Ferguson, el padre del calipso

 Walter Ferguson es un calypsonian conocido como “Gavitt”. Nació en Guabito, Panamá, un 7 de mayo de 1919, y a temprana edad adoptó nacionalidad costarricense.

De niño, aprendió a tocar el órgano, la dulzaina, el ukelele y de forma autodidacta el clarinete. Además, por si fuera poco, aprendió a ser lutier de guitarras.

En la década de los 50’s, Ferguson integró el grupo llamado “Los Miserables”, que ejecutaba guaracha, rumba, bolero y swing los sábados por la noche, en el Club House de Cahuita.

Este maestro del calipso expandió su leyenda gracias a cassettesque él mismo auto-grababa para posteriormente, venderlos a turistas nacionales y extranjeros que visitaban Cahuita, lugar de residencia del músico. Esos cassettes son y serán tesoros fonográficos personalizados porque cada copia es diferente, única.

Las canciones incluidas en cada cassette variaban de uno al otro, así como la cantidad de temas; todo dependía de la inspiración de Ferguson.

La sencillez y su cautivante interpretación del entorno limonense mediante el uso del Calipso, y su inseparable guitarra, le depararon a Walter Ferguson el respeto y admiración de músicos y de la comunidad en general.

El mito de Walter Ferguson se acrecentó con el paso de los años; sin embargo, su obra musical no quedaba registrada de forma profesional. Hasta que, en 1982, el musicólogo estadounidense Michael Williams grabó y produjo el acetato “Mr. Gavitt: Calypso of Costa Rica: Cocoa Plantation Calypso songs sung in English”, un álbum que no fue promocionado en Costa Rica.

Cuatro años después, en 1986, surgió el álbum “Calypsos del Caribe de Costa Rica”, donde se incluyeron 10 canciones de Ferguson entre las cuales destaca: “Cabin in the Wata”.

Casi dos décadas después, apareció Babylon (2003); y, sin dejar que la efervescencia provocada por la anterior publicación cesara, emergió, Dr. Bombodee (2004), ambas bajo el sello de Papaya Music. Fuente: Asociación de Compositores y Autores Musicales de Costa Rica (ACAM)

“One Pant Man”, “Callalloo”, “Black Man Food”, “Cabin in the Wata”, “Cahuita is a Beautiful Place” y “G-O-O-D”, son solo algunos de los calipsos más conocidos de Ferguson; según sus propios cálculos, en promedio ha compuesto más de 150 calipsos en su vida.

Premio Nacional de Cultura. A lo largo de su carrera, Walter Ferguson ha sido reconocido en innumerables ocasiones. En 2018, se le otorgó el Premio de Patrimonio Cultural Inmaterial Emilia Prieto Tugores 2017, porque “su importante obra se caracteriza por reivindicar la cultura afrocostarricense mediante la maestría de su composición, interpretación y transmisión musical en la que destaca su creatividad y sensibilidad social, constituyéndose en un insigne narrador de los sentimientos e historias de su pueblo”, según reza el fallo del jurado.

Además, porque en sus composiciones “vivifica y sensibiliza el inglés criollo limonense, idioma que caracteriza la cultura caribeña de nuestro país, que ha sido la vía para expresar la belleza de lo cotidiano, los saberes populares y los desafíos históricos de su región”.

Por último, porque “su trayectoria musical y cultural en el ámbito regional, nacional e internacional, es un referente de la cultura afro de la Costa Rica multiétnica y pluricultural”.

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